Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús

Impronta de fe forjada en Toledo

La ciudad de Toledo juega una importancia fundamental en el desarrollo de la vida y obra de Santa Teresa de Jesús. Allí recibió influencias tan fundamentales como la del padre Báñez, su director espiritual, y la de fray García de Toledo, ambos dominicos. La inspiración que recibió allí dejaría después su huella en Pastrana -Guadalajara-, Malagón -Ciudad Real-, Villanueva de la Jara -Cuenca- y en los lugares por los que pasó camino de sus fundaciones y visitas, como la Torre de Juan Abad -Ciudad Real-.

En el palacio de doña Luisa de la Cerda en Toledo

Santa Teresa acepta la hospitalidad toledana de una de las por entonces grandes de España. Esta gran señora tendría una gran influencia en la santa, pues conviviendo con ella tuvo oportunidad de conocer las obligaciones del poder y la riqueza, en las que se inspiraría, para rechazar que pudieran formar parte de la vida eclesiástica. Pero además De la Cerda dió a conocer a Santa Teresa en Toledo, y las principales personalidades acudieron a conocer a la monja que levitaba y tenía visiones, fomentando el conocimiento de su reforma carmelita, y de las fundaciones de conventos.

Hoy puede visitarse este palacio en Toledo, y es conocido como Casa de Mesa, es obra gótico-mudéjar del siglo XV, y en él se conserva un admirable salón mudéjar.

Fundación del convento de Malagón, Ciudad Real.

La reforma de Teresa de Jesús proponía una vida dura, dedicada a la orar y mortificarse. Ella, al igual que sus religiosas, estaba obligada a dormir sobre un simple jergón de paja, calzar sandalias de cuero o madera, ayunar ocho meses al año y jamás comer carne.

El primer lugar de Castilla-La Mancha en que se concretó esta reforma de carmelitas, y tercer convento fundado por la santa, fue el de San José, en Malagón, en 1562.

San José no es un convento cualquiera, sino que fue construido desde cero, con la participación directa de la santa en su diseño. El resultado es tan austero y funcional como el espíritu de su reforma. En su interior conserva imágenes de la santa, siendo especialmente venerada la que aún preside su celda, y que sale en procesión en fechas señaladas.

La princesa de Éboli y el Convento de Pastrana.

Tras residir en su nuevo convento de Malagón, Santa Teresa enfermaría, reponiéndose en Toledo y Escalona del Alberche. Una vez recuperada, su ímpetu la llevó a tomar posesión de un convento en Pastrana.

No fue una fundación sencilla. Quien patrocinaba y pagaba los costos era nada menos que la combativa princesa de Éboli. Por entonces no encarcelada aún por Felipe II, pero ya dueña de una gran determinación y legendaria belleza. Quiso ser monja, y Santa Teresa la aceptó a regañadientes.

Pero la princesa de Éboli, duquesa de Pastrana, no estaba preparada para la escasez de la vida conventual. Primero abandonó su celda, luego recuperó sus joyas y vestidos, y al final fue Santa Teresa, con sus monjas, quienes optaron por abandonar el convento.

Hoy podemos visitar el convento del Carmen de Pastrana, y disfrutar de su museo teresiano en uno de los relevantes conjuntos históricos-artísticos de Castilla-La Mancha

El viaje al sur

Uno de los más accidentados viajes de Santa Teresa, en dirección al sur, en el que acabó perdiéndose en Sierra Morena, transcurrió por las tierras de Castilla-La Mancha.

Partiendo de Toledo, cruzaría Sonseca, Los Yébenes, Urda y Fuente del Fresno hasta llegar a su convento de Malagón. Desde allí cruzaría, en el período de Carnaval, Daimiel, Manzanares, La Solana, y Villanueva de los Infantes, hasta llegar a la Torre de Juan Abad. En esa localidad tomaría la ceniza, pues llegó en el inicio de la Cuaresma.

Su amiga Ana de San Bartolomé y el Libro de las Fundaciones

La que fuera íntima amiga, secretaria y apoyo de Santa Teresa nació en Almendral de la Cañada, Toledo. Fue la primera lega que la santa admitió en su orden del Carmelo reformada. Con el tiempo Teresa de Jesús la llegaría a considerar su heredera espiritual, y no fue en vano, dado que la beata Ana llegaría a extender la orden por Francia y los Países Bajos.

La ciudad de Toledo, que siempre sería el lugar donde Santa Teresa reparaba sus heridas, físicas y espirituales, la vió redactar su Libro de las Fundaciones, y padecer la persecución que se hizo por parte de la Inquisición contra su orden. 

Su convento en Villanueva de la Jara, Cuenca

Persecuciones, edad y enfermedades no restaban arrestos a Santa Teresa, que en 1580 fundó su convento número trece en esta localidad de Cuenca. El interior del edificio conserva hoy valiosas pinturas del Siglo de Oro, y una espectacular techumbre mudéjar.

La localidad de Villanueva de la Jara es uno de los conjuntos históricos-artísticos relevantes de La Manchuela, con numerosas casas señoriales, que seducen con sus balcones, rejas y blasones.

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